lunes, 14 de agosto de 2017

Los pueblos indígenas del Tolima en defensa de la raza y el territorio

Texto completo en :REBELIÓN
Texto completo en:LAS2ORILLAS
Texto completo TLAXCALA
Texto completo en :LA PLUMA.NET

El panorama de los pueblos indígenas en Colombia no es el mejor posible, han padecido de forma rotunda cada una de las problemáticas de la nación: la lucha por el poder político, la imposición de un proyecto colonialista, la segregación social por parte de las élites y si fuera poco la negación de su identidad como actores sociales.
La histórica disputa por ser reconocidos como sujetos al interior de las instituciones coloniales, generó todo un proceso de desplazamiento y negación en cada una de sus comunidades. Así pues, en los últimos años se ha venido presenciando una lógica política donde el Estado auspicia un conjunto de prácticas, acciones y estrategias que van en contravía de la armonía en los territorios donde habitan los pueblos indígenas. Una muestra rotunda es el fenómeno de acumulación de la tierra, las maniobras para desintegrar los resguardos y en mayor medida el discurso de estigmatización contra los líderes, colectivos y organizaciones en defensa de la “causa indígena” que existen en el territorio nacional.
En efecto, podríamos recapitular los distintos acontecimientos transcurridos a lo largo de la historia contra las comunidades donde se demuestra el grado de exclusión política que ha debido experimentar en la construcción de un Estado moderno – colonialista, que pasa por encima de la consigna de la autonomía, el gobierno y soberanía un legado cada vez más presente el ideario del movimiento indígena colombiano.
Tal como lo podemos recapitular en los distintos hechos ocurridos en el país, en particular la fuerte movilización que realizaron los indígenas del Cauca exigiendo de forma pacífica, pedagógica y comunitaria la no – militarización, persecución y estigmatización contra los líderes y grupos de base que integran los distintos resguardos. A su vez, la demanda de mayores garantías en su ejercicio de autonomía – territorial en función de armonizar y constituir tejidos comunitarios que logren ser la base de una paz en defensa de la dignidad y la justicia social.
La necesidad de encontrar un debate de cara a las necesidades latentes de los pueblos, fue una de las grandes demandas que alimentaba el seno del movimiento indígena del Cauca, aquí la diatriba era algo especial contra la política de Estado ejercida por el gobierno de Álvaro Uribe I- II, en concreto un conjunto de elementos que eran congruentes con la “seguridad democrática”: la creación de una figura donde el indígena era sinónimo de guerrillero al ser parte de   las comunidades que supuestamente atentan contra el bien público en su lucha por el  reconocimiento de resguardos, al interpretarse  como un ataque  contra la propiedad privada de la tierra y el fortalecimiento de la cultura latifundistas. Una especie de recetario que se intensificó con la violencia política y el ejercicio exacerbado de la fuerza pública. Véase:
De esta manera, la noción de despolitizar la lucha indígena también se enfrenta a la lógica politiquera y corrupta en donde las juntas de acción comunal son una estrategia del gobierno central para desterritorializar las comunidades, es decir, una forma de construir cabildos – urbanos dejando a un lado la noción originaria de que el sujeto- indígena nació, se constituyó y tiene un lazo ancestral, cultural y político con la tierra.
La tierra de Macondo le pasa cómo la famosa experiencia de la hojarasca, hasta cuando no caiga la primera hoja al suelo nunca se sabrá para dónde va el agua que lleva al molino. No es para más cuando precisamos un proceso de paz que lentamente incorpora actores, dejando a un lado el centro de lo indígena debido a que existe una justicia, educación, salud, religión, cultura y forma de organización autónoma por parte de los pueblos en cada una de sus comunidades.  Por ello, sería una contradicción pensar una pedagogía de la paz sin tener en cuenta la agenda política de las organizaciones indígenas en el país, resultaría ser un desconocimiento – estructural en función de fortalecer el momento trascendental de lo que significa el posacuerdo.
En efecto, el pasado 9 de agosto fue una fecha de gran importancia en el escenario internacional y nacional, las distintas organizaciones sociales, colectivos y comunidades indígenas, no indígenas, mestizas y sociedad civil entre otras, se manifestaron para exigirle al gobierno del presidente Santos el pago de una deuda histórica, aquella caracterizada por incursionar en un espacio democrático, alternativo y comunitario que siempre ha estado vigente en las venas del movimiento indígena colombiano.
La razón más sublime de esta fecha consiste en hacer una crítica a la visión colonialista de la civilización eurocentrada, y dar una apertura a otras formas de concebir la raza, la religión, la cosmovisión enfocadas en el reconocimiento del “otro” como un sujeto valido en lo comunal y los espacios comunitarios donde el ser Indigena ha estado siempre presente. Una visión que tiene como fin hacer un peso a la lógica mercantilista y fetichista de las élites criollas de la nación, y a ese tipo de imaginario que intenta mostrar a los indígenas como salvajes, violentos y no civilizados, sencillamente una invención de las élites y los grupos hegemónicos del país.
Es el momento para resignificar la lucha simbólica y la praxis de indígenas como Manuel Quintín Lame, Juan Tama, Álvaro Ulcué Chocué, las mujeres Lamistas entre otros. Un punto de enunciación para seguir construyendo un espacio donde exista una apertura a las necesidades reales de las comunidades, para así ofrecer espacios donde el ser indígena logré superar la violación de los derechos humanos, la negación de espacios comunitarios, la problemática de la titulación de las tierras y la burocratización de las organizaciones que intenta personalizar la causa indigenista para intereses privados al servicio del gran capital.
De esta forma, sería justo pensar y reflexionar ¿cuál es la deuda histórica de la sociedad con los indígenas?, ¿en qué han fallado las instituciones? Y ¿hasta dónde seguirá presente la exclusión, la discriminación y la persecución contra los pueblos indígenas? En el Tolima, la realidad toma mayor sentido el heroico y luchador Pueblo Pijao que perdió su lengua por completo, padecido la imposición de un proyecto colonial por parte de las élites locales y si fuera poco estuvo sometido  a los interés colonialistas de la corona que violento su cultura, raza, religión, resguardos y formas comunitarias que simbolizaba el ethos de lo indígena en la región.
En últimas, el llamado que realizan las comunidades indígenas del Sur del Tolima (pueblo Pijao), y en especial las de Chaparral que declaran lo siguiente: “En lo que concierne al municipio de Chaparral, Tolima, somos 11 comunidades indígenas pertenecientes a la etnia PIJAO como son: SEBORUCOS, AGUAS CLARAS, COMUNIDAD INDÍGENA YAGUARA ETNIA PIJAO, IVANASKA LEMAYA DE CALARMA, MATORA DE MAITO, CIMARRONA ALTA, LOCOMBOO, RIO NEGRO HERMOSAS, AMOYÁ LA VIRGINIA, EL ESCOBAL y CAÑON DE AMOYÁ; las cuales están dentro de los pueblos que se encuentran en peligro de exterminio físico y cultural como lo reconoce la propia Corte Constitucional mediante la sentencia T-025 de 2004 y el Auto 004 de 2009, a través del cual ordenó al Gobierno Nacional la construcción de Planes de Salvaguarda para evitar su desaparición”.  Igualmente, la importancia de la “causa indígena” como un momento histórico para empoderar las comunidades que habitan en esta zona, una oportunidad para que los grupos hegemónicos conozcan las dinámicas de los de abajo, su forma de pensar, sentir y actuar en particular las reivindicaciones que se constituyen desde adentro por incursionar en un territorio donde el servicio, la unidad, la cultura y la paz son la base del buen vivir que tanto han soñado los pueblos indígenas pero con el paso del tiempo resistente a la lógica de explotación por parte del mismo Estado.

AUDIOS


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AUDIO 2

DOSSIER-ORGANIZACIONES-TERRITORIO seguir el link para visualizar  el documento 


martes, 8 de agosto de 2017

Colombie : La consultation populaire à Ortega (département du Tolima)



Nous vivons une époque très complexe, cernés par des crises de tout ordre, et comme si cela ne suffisait pas, la réalité politique de la Colombie n'arrête pas d’interférer avec notre quotidien. La lutte pour la terre et la défense du territoire sont devenues une des grandes revendications des organisations, des mouvements, des collectifs et des groupes sociaux.

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Le Tolima en Colombie


Nous vivons une époque très complexe, cernés par des crises de tout ordre, et comme si cela ne suffisait pas, la réalité politique de la Colombie n'arrête pas d’interférer avec notre quotidien. La lutte pour la terre et la défense du territoire sont devenues une des grandes revendications des organisations, des mouvements, des collectifs et des groupes sociaux.

Manuel Quintín Lame, en compagnie de certains de ses hommes après son arrestation à Popayán, le 10 juin 1916.

Ces derniers mois, la question de la nature de l'impact et la légalité de la consultation populaire a fini par déclencher une polémique. Que veut dire cette consultation pour la démocratie ? Quel est le sens de ce vote, de la participation et des décisions politiques que prennent les peuples en ce qui concerne leurs territoires ?
Bien sur, une fois de plus, ce que fait apparaître l’échange de tirs entre l’État et les collectivités territoriales, c'est les conflits d’intérêts entre le centre et la périphérie. Voilà donc quelques échos de la terre de Macondo, dans le contexte d'un processus de paix lent, boiteux, souvent interrompu à cause d 'acteurs qui n'ont rien à voir avec le processus de paix, la question des territoires ou celle de l'autodétermination des communautés.
               Le peuple Pijao d' Ortega, qui défend ses terres ancestrales

Ce qui s'est passé dans un village du Tolima, Ortega, rend bien compte de la volatilité des rapports entre un État attaché à ses prérogatives et le pouvoir organisé dans les communautés. C'est la terre sur laquelle Quintín Lame organisa la lutte pour la reconquête du grand resguardo1 d’Ortega et Chaparal. Le besoin d'un type d’éducation particulier y est pressant/ Et la lutte indigène pour la défense du territoire, de l'eau et de la vie remonte à très longtemps Tout cela converge dans la volonté d'unité des communautés.
Consulta_Popular_ortega
Divers collectifs, organisations indiennes, groupes de métis, de femmes, de commerçants, ont relevé le défi suivant : organiser une consultation populaire à Ortega. Les retours que nous avons à ce sujet sont significatifs. Selon James Ducuara, un des porte-paroles et organisateurs du projet : « Nous avons déjà le résultat de la campagne de collecte de signatures, et nous, les Ortegunos, nous sommes ravis. Cinq mille quatre cent trente sept signatures validées ... La loi en exigeait 2400 (10 pour cent des électeurs recensés). A Ortega, nous en avons récolté plus du double. Vive la consultation populaire ! »

Cela étant, le processus n'est pas sans arêtes, et s'avère très controversé. D'un côté, nous avons la multinationale du pétrole Hocol, qui a intenté une action auprès de la mairie pour empêcher la vérification des signatures récoltées, ce qui revient à ôter toute légitimité à la consultation. D'un autre coté, un maire qui ne communique ni avec les médias, ni avec les porte-paroles du mouvement, ni avec l'opinion publique, où l'on voit que la décision prise de manière collégiale par les communautés et les organisations d'Ortega ne bénéficie d'aucun soutien politique.
L'oléoduc du Haut Magdalena en cours de réalisation

Il ne s'agit pas d'une simple dispute locale pour le pouvoir. Ce qui est en jeu, c'est la réputation et la liberté de certains leaders sociaux ou membres de la communauté, victimes de diffamation et de poursuites. Une façon de renforcer la logique de pouvoir gamonal2 qui se resserre au fur et à mesure qu'avance le processus de paix. Une tactique très banale chez les élites et les secteurs politiques conservateurs lorsqu'ils veulent s'opposer aux mouvements sociaux qui émergent dans une région.
Dans le canton d'Ortega, on observe une série de défaillances structurelles concernant la répartition des ressources publiques ; c'est toujours la même chose : des routes dans un état lamentable, des programmes d’éducation qui restent en plan, et des communautés indiennes dont les coutumes, usages et pratiques sur leurs territoires ne sont pas respectées 3
Enfin, le scenario qui s’annonce est particulièrement conflictuel. Deux logiques s'affrontent. D'un côté, la volonté d'auto-détermination, d'autonomie et de liberté des organisations sociales qui veulent prendre des décisions pour leurs territoires. D’un autre, les intérêts des multinationales, qui marchent main dans la main avec l’État. Un État très méfiant face à la souveraineté populaire qui s'affirme dans ces consultations et à la résistance des communautés, qui veulent, pour les générations à venir, un Bien Vivre basé sur le respect de la terre, de l'eau et de la nature
Post-scriptum: Le conflit entre le département du Chocó et la ville d'Antioquia , qui revendiquent tous les deux la propriété de la commune Belén de Bajirá, rend bien compte de la dépolitisation de la question de la terre. On peut toujours essayer d'avancer dans le processus de paix, si on ne respecte pas les choix des zones victimes du conflit, on ne pourra pas construire la paix sur le territoire.

NdlT/NdE
1 Le Resguardo (réserve) est une institution de la Couronne espagnole en Amérique, confirmée par un décret de Bolivar en 1820 et inscrite dans la constitution colombienne en vigueur. Il s'agit d'un territoire sur lequel vivaient exclusivement des Indiens d'un groupe donné. Ce territoire bénéficiait d'un statut et d'une législation spéciale mais ses limites n'étaient jamais claires ni stables.. Le besoin de concentrer la main d'œuvre, celui de percevoir facilement l'impôt auquel étaient assujettis les Indiens et le projet ségrégationniste de l'Empire espagnol (république d'Indiens d'un côté, république d'Espagnols de l'autre) explique la création du resguardo. Constamment menacés par la cupidité des colons qui rognaient régulièrement les terres, ces resguardos ont une histoire violente, les légitimes propriétaires se battant, depuis la Colonia jusqu'à nos jours, pour les conserver. La Gran Comunidad de Ortega y Chaparral, instituée à la fin du XVIème siècle, est constituée de dix resguardos. .
2 Le gamonalismo (de l’espagnol du Pérou gamonal, grand propriétaire foncier) est une pratique propre aux groupes politiques traditionnels d’une région. Né au Pérou, le terme, utilisé par le penseur socialiste Mariategui, s’est diffusé dans les autres pays andins. Il désigne les pratiques prédatrices des éleveurs, fermiers et grands propriétaires fonciers, qui attaquent des communautés et des collectifs en lutte pour l'autonomie de leurs territoire et la défense de leurs terres collectives. Voir: Belén de Bajrá en la frontera del Federalismo, Alfredo Molano Bravo, El Espectador, 22 de julio de 2017
3 En Colombie on appelle éléphants les travaux et créations d'infrastructures qui n'aboutissent jamais, qu'il s'agisse de chantiers resté à l'abandon, de passages piétons jamais utilisés, de gares du Transmilenium jamais mises en service bien que terminées, de planifications erronées, ou de corruption.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La consulta popular en Ortega (Tolima)

Vivimos en una época llena de complejidades, la crisis llega por todo los lados y si fuera poco no paran de sonar los problemas  del diario vivir de la realidad política en Colombia. La lucha por la tierra y la defensa por el territorio se han convertido en una de las grandes consignas que demandas las organizaciones, movimientos, colectivos y grupos sociales al interior de sus comunidades.
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En los últimos meses, se ha venido generando una polémica sobre el carácter, impacto y legalidad de la consulta popular. Además, de su significado para la democracia, el sentido del voto, la participación y la decisión política que asumen los pueblos entorno a sus territorios. Por supuesto, el choque argumentativo entre el Estado y la autonomía de las entidades territoriales demuestra una vez más otra contradicción del centro frente a la periferia. Es parte de la caja de resonancia que vivimos en la tierra de Macondo en medio de un proceso de paz que va lento, cojeando y con muchos vaivenes por parte de sectores ajenos a la paz, la defensa de los territorios y la autodeterminación de las comunidades.
Una clara muestra de este panorama tan volátil entre la autonomía del Estado y el poder organizado de las comunidades ha sucedido con el pueblo de Ortega (Tolima). La tierra donde Quintín Lame constituyó la lucha por el gran resguardo de Ortega – Chaparral, la necesidad de ir incursionado por un tipo de educación para las comunidades, y el gran referente de la causa indígena en defensa del territorio, la vida, el agua y la tierra todo enfocado bajo el sentido de la unidad de las comunidades.

Manuel Quintín Lame detenido con algunos de sus hombres. Popayán, junio 10 de 1916
Ahora los diferentes colectivos, organizaciones y grupos indígenas, mestizos, mujeres, comerciantes entre otros, tiene el reto de llevar a las urnas la iniciativa de la Consulta Popular en Ortega. Los datos son interesantes comenta uno de los voceros y organizadores de la propuesta, James Ducuara: “Ya salió el resultado de las firmas, los ortegunos estamos de fiesta, cinco mil, cuatrocientas treinta y siete 5437 firmas válidas… La ley nos exigía el 10% del censo electoral, unas 2.400. En Ortega recolectamos más del 20%. ¡Qué viva la consulta popular!”

Pueblo Pijao de Ortega, Tolima en defensa de su territorio ancestral
En efecto, el proceso ha tomado una serie de aristas y controversias. Por un lado, la multinacional (petrolera) HOCOL ha radicado ante la Registraduría municipal una acción en contra del estudio técnico de las firmas, lo que implica deslegitimar y negar por completo la naturaleza de la consulta. A su vez, el silencio que ha asumido el alcalde municipal ante los medios de comunicación, voceros y opinión pública demuestra la falta de respaldo político a esta decisión colegiada que asumido las comunidades y organizaciones en Ortega (Tolima).
El asunto va más allá de la disputa local por el poder, ahora radica en la persecución y difamación política contra los líderes sociales y miembros de las comunidades, una forma de fortalecer la lógica gamonal[1] que se viene intensificando en esta zona en medio del proceso de paz. Algo muy común en las recetas que usan las élites y los sectores políticos contra los procesos sociales que emergen en el seno de las regiones. Sin embargo, históricamente en el municipio de Ortega se ha visto una serie de fallas estructurales frente con la distribución de los recursos públicos, lo mismo de siempre obras en blanco (elefantes), vías en pésimo estado, programas de educación a media y la vulneración de la autonomía de las comunidades indígenas frene al uso, costumbres y acciones en sus territorios.
Consulta_Popular_ortega
En últimas, presenciamos un escenario lleno de tensiones con respecto a dos lógicas: la primera, que es la autodeterminación, autonomía y facultad que tienen las organizaciones sociales para asumir decisiones sobre las entidades frente a sus territorios. La segunda, el interés de las empresas multinacionales de la mano de la acción política del Estado, que pareciera ver con grandes recelos la fuerza que adquiere en lo local, el contenido y el ejercicio soberano que implica la consulta popular y la resistencia de las comunidades por un buen vivir donde el agua, la tierra, la naturaleza sea la base para las futuras generaciones.
Post-scriptum: la confrontación territorial entre chocoanos y antioqueños por el municipio de Belén de Bajirá, es el rotundo reflejo de la despolitización que tiene la tierra en Colombia. Aunque se intente avanzar en el proceso de paz, si no existe respeto por la autonomía de la zonas víctimas del conflicto difícilmente podemos pensar en construir un tipo de paz – territorial. Véase.
[1] El gamonalismo es una práctica entre grupos políticos tradicionales de una región. En particular, ganaderos, hacendados y finqueros dueños de grandes extensiones de tierras contra comunidades y colectivos que se encuentra en confrontación por la autonomía de sus territorios.

EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE MANUEL QUINTÍN LAME Y SU RELACIÓN CON EL GIRO DECOLONIAL


Texto completo:Revista SAPIENTIAE

Los estudios en torno al pensamiento político del indígena Manuel Quintín Lame de Colombia, desde una visión teórica, se encuentran en pleno proceso de producción y gran parte de sus avances se asocian a campos como la antropología-política, la sociología política o los estudios históricos relacionados con la época de la violencia. Es así que construir una reflexión en torno al pensamiento político de Quintín Lame constituye una apuesta conceptual y metodológica que trata de forma muy delgada la concepción de lo político, no sólo como campo discursivo sino como elemento estructural para futuros análisis sobre la cartografía del pensamiento político en su máxima expresión. La caracterización que se encuentra sobre el pensamiento político, parte de lo que Maravall (1955), en su texto sobre la historia del pensamiento, relaciona como un campo analítico de larga discusión, ya que su primera acepción radica en la dimensión histórica que toman las ideas, las prácticas y los discursos que giran al interior de una comunidad. La segunda, de corte político, se identifica con la concepción de un tipo de praxis propia del sujeto donde posibilita la construcción de su entorno social. El aporte que realiza la teoría política a esta discusión consiste en: [Un] esfuerzo que discute y da cuenta de una serie restringida de autores clásicos contemporáneos del pensamiento político. Es decir, a través de diversos territorios se fundan en casi todos los casos escuelas y estilos particulares de reflexión y en algunos casos “militancia académica” (Covarrubias, 2015, p. 9).

martes, 25 de julio de 2017

Colombie : Le sud du Tolima, territoire de paix et de réconciliation

Texto en :La pluma.net


La route est longue avant d'arriver dans le Sud du Tolima,  un voyage qui est la meilleure façon de prendre la mesure de cette immense région. S'il fallait  trouver un mot pour décrire les chemins que les Indiens, les Afrodescendants  et les paysans ont construit tout au long de  leur histoire, je dirais sans hésitation : grandeur.
 Un territoire d'une grande richesse naturelle, culturelle et sociale, que ses paysages, ses saveurs, ses odeurs, surgissant d'entre les montagnes, nous permettent d’apprécier mais qui, paradoxalement, est plongé dans la pauvreté et la corruption, abandonné par l'État  et par les investisseurs. Voilà une des grandes contradictions que nous ont léguées les élites libérales et conservatrices, mais aujourd'hui, avec le temps, cette contradiction s'est aiguisée et la classe politique traditionnelle en porte la responsabilité.
En effet, les luttes politiques du XIXème et du XXème siècle[1] ont joué un rôle essentiel dans la montée des premières vagues de violence de la région. Luttes âpres pour le pouvoir,  concentration des richesses,  magouilles politiques  et  un credo trop partagé: “ l' ennemi de mon ennemi est mon ami  “,  tout cela doit vraiment être pris en compte si l'on veut  poser la question complexe de la paix sans faire l'impasse sur  notre passé violent. Car  le  passé est toujours  actuel dans  la région Sud, un passé  peu enviable puisque la  région passe pour être le berceau de la violence ou encore, la patrie des guérilleros, une réalité qu'on ne saurait nier. Ce qu'il faut par contre mettre en avant,  c'est la volonté de construire la paix depuis l’intérieur qui caractérise le  moment que nous sommes en train de vivre.
C'est quelque chose  que l'on peut entendre dans les centaines de voix qui s’élèvent : paysans de minorités ethniques (Indiens, Afrodescendants), leaders de mouvements sociaux ou  femmes  qui  vivent  dans leur cellules familiales les retombées  tardives d'un processus de paix en cours.
Pour commencer, il faut  bien voir que des régions comme Ataco, Chaparral, Coyaima, Natagaima, Ortega, Planadas, Rioblanco, Roncesvalles jusqu'à San Antonio,  souffrent, et à tous les niveaux,  des conséquences du conflit armé,  D'autre part, si l'histoire,  en particulier la logique bipartidaire de l’époque, pèse sur la région et explique en partie l' l'éclatement actuel des communautés,  elle nourrit aussi  l'espoir  de construire  ce  territoire de paix et d'harmonie que la terre de Macondo mérite vraiment de devenir.
Cependant, les habitants de ces villages ont fait un pari,  qu’il est essentiel pour eux de    porter ensemble : ils veulent s'inscrire dans un au-delà du conflit et lutter contre la stigmatisation politique et les représentations négatives du Tolima communes à  la plupart des élites colombiennes.  Une volonté qui apparaît clairement  chez certains leaders de mouvements sociaux : “ Nous voulons la paix et la justice sociale”, “ nous ne reculerons pas d'un centimètre au nom de la paix “, “ nous sommes heureux d'aller vers la paix mais pour cela, il nous faut plus de conscience”,  des témoignages parmi d'autres de ce que l'on peut entendre au quotidien dans les campagnes .
Enfin, les moments extrêmement incertains que nous sommes en train de vivre en Colombie nous invitent à imaginer des alternatives à partir  du point de vue des régions ou des villages  qui ont souffert le plus durement du conflit armé.
Ce serait un apport stratégique pour développer  une réflexion sur les besoins des territoires  et ne pas rester empêtrés dans les erreurs actuelles.  Prenons un exemple : le  Programme de Développement  Territorial  dresse la liste des communes qui vont recevoir des aides, au niveau social, économique, sous la forme de soutien à des projets  ponctuels  comme d'aide au développement rural, communautaire  et organisationnel. Mais dans le Tolima,  seuls  Ataco, Chaparral, Planadas et Ríoblanco figurent sur la liste, soit un peu moins de la moitié  des zones qui ont été victimes du conflit où y ont participé.
Un exemple de plus des contradictions qui sont les nôtres quand il s'agit de construire la paix à partir des régions
PS : La “nouvelle histoire” de l'Université du Tolima[2] est de plus en plus paradoxale. Que peut-on attendre d'un groupe d'évaluateurs/consultants qui ne savent pas où mener l'Alma Mater, quand le vrai  problème, c'est l’argent ? Mais ça,  c'est encore  en chantier. L’université ne peut pas s'étendre à d'autres zones : comment pourrait-elle créer des succursales dans d'autres parties du pays alors qu’elle n'a même pas su maintenir son propre projet interne

lunes, 24 de julio de 2017

Colombie : Le sud du Tolima, territoire de paix et de réconciliation

Texto completo en:La Pluma.net

La route est longue avant d'arriver dans le Sud du Tolima,  un voyage qui est la meilleure façon de prendre la mesure de cette immense région. S'il fallait  trouver un mot pour décrire les chemins que les Indiens, les Afrodescendants  et les paysans ont construit tout au long de  leur histoire, je dirais sans hésitation : grandeur.


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Le Tolima en Colombie
 Un territoire d'une grande richesse naturelle, culturelle et sociale, que ses paysages, ses saveurs, ses odeurs, surgissant d'entre les montagnes, nous permettent d’apprécier mais qui, paradoxalement, est plongé dans la pauvreté et la corruption, abandonné par l'État  et par les investisseurs. Voilà une des grandes contradictions que nous ont léguées les élites libérales et conservatrices, mais aujourd'hui, avec le temps, cette contradiction s'est aiguisée et la classe politique traditionnelle en porte la responsabilité.
http://tlaxcala-int.org/upload/gal_16356.jpgClique sur la carte pour la voir
En effet, les luttes politiques du XIXème et du XXème siècle[1] ont joué un rôle essentiel dans la montée des premières vagues de violence de la région. Luttes âpres pour le pouvoir,  concentration des richesses,  magouilles politiques  et  un credo trop partagé: “ l' ennemi de mon ennemi est mon ami  “,  tout cela doit vraiment être pris en compte si l'on veut  poser la question complexe de la paix sans faire l'impasse sur  notre passé violent. Car  le  passé est toujours  actuel dans  la région Sud, un passé  peu enviable puisque la  région passe pour être le berceau de la violence ou encore, la patrie des guérilleros, une réalité qu'on ne saurait nier. Ce qu'il faut par contre mettre en avant,  c'est la volonté de construire la paix depuis l’intérieur qui caractérise le  moment que nous sommes en train de vivre.
C'est quelque chose  que l'on peut entendre dans les centaines de voix qui s’élèvent : paysans de minorités ethniques (Indiens, Afrodescendants), leaders de mouvements sociaux ou  femmes  qui  vivent  dans leur cellules familiales les retombées  tardives d'un processus de paix en cours.
Pour commencer, il faut  bien voir que des régions comme Ataco, Chaparral, Coyaima, Natagaima, Ortega, Planadas, Rioblanco, Roncesvalles jusqu'à San Antonio,  souffrent, et à tous les niveaux,  des conséquences du conflit armé,  D'autre part, si l'histoire,  en particulier la logique bipartidaire de l’époque, pèse sur la région et explique en partie l' l'éclatement actuel des communautés,  elle nourrit aussi  l'espoir  de construire  ce  territoire de paix et d'harmonie que la terre de Macondo mérite vraiment de devenir.
Cependant, les habitants de ces villages ont fait un pari,  qu’il est essentiel pour eux de    porter ensemble : ils veulent s'inscrire dans un au-delà du conflit et lutter contre la stigmatisation politique et les représentations négatives du Tolima communes à  la plupart des élites colombiennes.  Une volonté qui apparaît clairement  chez certains leaders de mouvements sociaux : “ Nous voulons la paix et la justice sociale”, “ nous ne reculerons pas d'un centimètre au nom de la paix “, “ nous sommes heureux d'aller vers la paix mais pour cela, il nous faut plus de conscience”,  des témoignages parmi d'autres de ce que l'on peut entendre au quotidien dans les campagnes .
Enfin, les moments extrêmement incertains que nous sommes en train de vivre en Colombie nous invitent à imaginer des alternatives à partir  du point de vue des régions ou des villages  qui ont souffert le plus durement du conflit armé.
Ce serait un apport stratégique pour développer  une réflexion sur les besoins des territoires  et ne pas rester empêtrés dans les erreurs actuelles.  Prenons un exemple : le  Programme de Développement  Territorial  dresse la liste des communes qui vont recevoir des aides, au niveau social, économique, sous la forme de soutien à des projets  ponctuels  comme d'aide au développement rural, communautaire  et organisationnel. Mais dans le Tolima,  seuls  Ataco, Chaparral, Planadas et Ríoblanco figurent sur la liste, soit un peu moins de la moitié  des zones qui ont été victimes du conflit où y ont participé.
Un exemple de plus des contradictions qui sont les nôtres quand il s'agit de construire la paix à partir des régions
PS : La “nouvelle histoire” de l'Université du Tolima[2] est de plus en plus paradoxale. Que peut-on attendre d'un groupe d'évaluateurs/consultants qui ne savent pas où mener l'Alma Mater, quand le vrai  problème, c'est l’argent ? Mais ça,  c'est encore  en chantier. L’université ne peut pas s'étendre à d'autres zones : comment pourrait-elle créer des succursales dans d'autres parties du pays alors qu’elle n'a même pas su maintenir son propre projet interne[3]?
NdlT
[1] En Colombie comme dans les autres pays d'Amérique latine, les affrontements entre libéraux et conservateurs ont été très violents  La Guerre des Mille jours, à la charnière du XIXème et du XXème siècle, et  la période  de la Violence, au XXème siècle,  ont été particulièrement meurtrières.
[2] Slogan qui apparaît sur le logo de l’Université (reprenant celui qui avait été utilisé pour une foire du café en 2016...).  L'université du Tolima  traverse une crise financière qui a entraîné  une demande d'audit à l'Université du Valle,  destinée à permettre une réorganisation de l'entité.  Voilà  la Nouvelle histoire, pas si nouvelle en fait, car derrière tout cela, il y a la reprise en main autoritaire des instances universitaires et  une politique clientéliste.
[3] Par exemple,  le programme d'enseignement par correspondance risque de disparaître, malgré son importance.La pluma.net